De esta fiesta mundial de la muerte, de este temible ardor febril que incendia el cielo lluvioso del crepúsculo, ¿se elevará algún día el amor?
FINIS OPERIS
(...) Ya que Z-13 Lotería nos vuelve a regalar un décimo para compartir entre muchos blogs, pues fuera premiado no???Esto es una iniciativa que viene dehttp://alasdeplomo.com/2009/11/14/regalamos-loteria-de-navidad-2009/y consiste, en que cada uno de los Blogs que reciba el décimo ( yo lo he recibido a través de (vicente) y desee jugar, tiene que cumplir unas normas 1.- Indicar de donde viene la idea, es decir el Blog inicial...... 2. Repartirlo al menos a 5 blogs 3.- Entrar al blog de alas de plomo y dejar el enlace del post de la lotería.Yo no se si me he explicado muy bien... Hasta aquí, esto es un copia-pega del blog de Vicente (disculpa, falta de tiempo). Vicente, si tú no sabes si te has explicado bien, ¡yo tampoco! :-)
Hay que elegir a 5, pero me permito cederlo a todo el quiera hacer. Ya sabéis que no me gusta esto de elegir quienes son los mejores. Para mí lo sóis todos.
Últimamente, como he mencionado, más o menos, en mi último post, intento colocar a ambos lados de la balanza los ratos de ocio y los quehaceres diarios. Los ratos de ocio, en mi caso, pueden darse de muchas formas pero es cierto que tengo tendencia a todo aquello que desarrollo en soledad. Y es que claro, de tantas cosas con las que podemos divertirnos, no todas nos satisfacen por igual. Hay que elegir, no queda otra.
Este fin de semana, en mi empeño por adaptarme a la vida social, (siempre escogida, es cierto) me he animado a salir en “saturday night”, aprovechando una celebración familiar y que por ello, también salían algunos de mis familiares. De primeras, una cenita con velas, que aconteció tranquila y amena, y después ¡hala, a mover el esqueleto! Madre mía, qué suplicio esto del bailoteo… He vuelto convencida de que las articulaciones de mi cuerpo son ya un nudo rígido. El baile no es lo mío, sin duda, el cante, tampoco. Tendré que probar con la guitarra…
A lo que voy. Lo cierto es que después de tanto tiempo sin salir de parranda, una no puede evitar fijarse en ciertas cosas. No es mi hábitat, por lo que no puedo remediar fijarme en todo.
A veces, he tenido la sensación de que con mirar a una persona a los ojos, he podido ver cuánta es su soledad. No sé por qué. A veces, he mirado a la gente, casi siempre extraños, y he sentido cierta lástima, ternura, o simplemente tristeza por lo que me han transmitido a simple vista. Supongo que han sido cosas mías, percepciones infundamentadas y que la gente es más feliz de lo que aparenta. Supongo.
Durante el tiempo que estuve en la disco de moda en la zona, no hice más que recordar una frase que compartía hace poco con un amigo. Decía algo así como que “los sábados por la noche están llenos de soledad” y ciertamente, volví a casa convencida. Es cierto que lo que predomina es gente joven, muy guapa, divertida, que parecen comerse el mundo cuando pisan una pista, les da un poco la luz de los focos, o se visten a la última. Pero claro, a mí me cuesta enrolarme en esa relación de ¿¿¿cómo crear una felicidad aparente??? Como lo mío no es bailar, repito, y con tres copitas de champagne ya creo que voy un poco pasadilla, pues qué mejor que buscar una esquinita y aguantar el tirón como sea. Y desde esa esquina donde yo me siento discreta, acabo poniendo el ojo de forma indiscreta. Una pasea la mirada por la barra de un bar, pub o discoteca, y llaman la atención algunas caras; algunas caras ya no tan jóvenes. Entonces me doy cuenta de una cosa. Hay algo que no quiero ser. Espero no levantar ampollas, porque cada cual, independientemente de su edad, tiene mi beneplácito para hacer lo que le venga en gana, pero sabed que si algún día, cuando pasen unos años, cuando cuente ya más de 50, y me veis sentada frente a una copa mientras miro cómo se derrite el hielo, si veis que así transcurre cada sábado, y me visto con un atuendo no propio de mis 50 añazos, por favor, reconocedme; sabed que me estaré sintiendo sola y que no estoy siendo feliz.
Por cierto, este vídeo no viene a cuento, pero me mola...:-)
Los últimos meses han sido demasiado tranquilos en cuanto a lo que hago de forma activa en el día a día. El verano se me ha hecho largo y he tenido momentos en los ansiosamente he deseado recuperar la rutina. He querido estar sometida a un horario y a una disciplina, ocuparme de unas obligaciones pues, cuando tengo demasiado tiempo libre, acabo pensando que estoy perdiendo el tiempo. Tener la mente ocupada, algo que me ronde por la cabecilla, algún reto intelectual o alguna inquietud por conocer cualquier cosa es algo que me da vidilla. La necesito, aunque siempre me he considerado demasiado contemplativa, hasta para contemplar necesito sujetarme a unas pautas porque he creído que es así cuando más sería capaz de disfrutar de justamente lo contrario. ¿Quién no aprecia la risa? Quien está harto de reír. ¿Quién no aprecia la soledad? Quien está harto de estar solo. ¿Por qué necesito disciplina? Porque soy una indisciplinada congénita.
Últimamente parece que la vida me dice que si pido algo, me será concedido doblemente. Y lo que parece una suerte, en principio, a veces es más bien lo contrario. Tanto he deseado recuperar un automatismo sistemático que ahora se me hace cuesta arriba poder cumplirlo. Me levanto temprano cada mañana y no vuelvo a casa hasta la hora de la cena. He pasado de mirarme el ombligo sobre la toalla y bajo el sol murciano despiadado a no tener ni medio minuto para detenerme a mirar cómo han crecido los árboles de cualquier avenida. Apenas dispongo de media hora para comer y de lunes a jueves tengo que hacerlo fuera de casa y sola (miento, alguna vez algún gato se me ha acercado por si me ha sobrado un trocito de queso). La concentración me cuesta y el cansancio intelectual empieza a venirme de manera prematura. La escoliosis lumbar que padezco no me da una pausa y el ocho que conforma mi columna vertebral hace que me levante ya con una tortícolis que parece crónica. Pero qué floja soy, pienso algunas veces.
En realidad, la intención de este post no es quejarme, en absoluto. Sé que así, o incluso peor, es el día a día de muchos de los me leéis y de los que no. Quejarme sería injusto, y menos públicamente. En el fondo, tengo una suerte tremenda por ser quien soy, no por mi carácter y méritos sino por poder elegir la vida que quiero llevar. Eso sí es una suerte, otros no pueden. Tengo que estar satisfecha y dar gracias a la vida por ello.
Si escribo esta entrada es porque he vuelto a sentir algo que hacía tiempo que no recordaba: la grata sensación de volver a casa. Después del cansancio acumulado por cuatro días sin tregua ni descanso, esta tarde al volver a casa, he acogido esa sensación. Esa frase hecha de “hogar, dulce hogar”. Saber que mañana no madrugo, que el fin de semana será un pelín más largo, es sin duda, un respiro necesario. Cuando uno anda con demasiados quehaceres, parece que ayer ya pertenece al mes pasado, es como estirar los días y que al mismo tiempo, parezca que todo acontece más rápido. Me ha encantado volver a sentir que dispongo de tiempo libre con el trabajo ya hecho, y sobre todo, quiero disfrutar de este tiempo. Volver a casa es como un reencuentro con la propia intimidad, con uno mismo. Es un retorno temporal a mi vida aunque el martes, de nuevo, vuelvo a la carga.
Como no puede ser de otra manera la despedida, que paséis buen puentecito.
Todas las temporadas, en todas las emisoras de radio hay una canción que suele ser la más pegadiza. Creo que ya tengo canción de otoño. La voy tarareando desde que me levanto.
Hoy está siendo uno de esos días en lo que uno se levanta meditabundo. Se acaba por permitir que un solo pensamiento se acople en la mente y se convierta en continuo, como un punzón que arremete entre ceja y ceja. No estoy triste, pero sí un poco retraída. Supongo que la lluvia no me ayuda demasiado para intentar expansionarme. Los días oscuros son como un pasaje a la reserva, al encogimiento, a cerrar las ventanas para observar la calle desde el cristal mientras se rocían las flores, el agua baja en pequeñas escorrentías entre el asfalto y las aceras y la gente se esconde bajo paraguas, soportales o voladizos. La naturaleza sigue su curso, menos mal que hay algo salvable de esta quema humanitaria, me digo. Menos mal que no podemos contra ella, o ya nos la habríamos cargado.
Me pongo un poquito de jazz de fondo, a ser posible saxo (uf, por favor, hoy piano, no), un descafeinado calentito esperando en el escritorio, algunos documentos por repasar.., y como no puede ser de otra manera, hay que meter en el equipaje algún libro con moraleja. Y me doy cuenta de algo obvio sobre lo que nunca antes me había parado a pensar; para estar en soledad, para saber estrecharle la mano a esa compañera invisible o para tomarle el pulso, es necesario vivir en paz con uno mismo. Es necesario perdonarse ciertas cosas, al igual que es necesario permitirse otras tantas. Cada día me intriga más mi propio cerebro, el muy puñetero me mete unos reveses.., que hasta a sí mismo se coge desprevenido. El mío tiene vida propia, a su bola, el muy egoísta, y encima, no se da cuenta de que soy yo quien paga el pato por sus errores. Ya tengo un cementerio completo. Esa es la moneda del niño mimado que vive bajo mi pelo y necesita algo más que un par de lecciones a tiempo.
Nada más inquietante que uno mismo, es la conclusión. Llevo meses queriendo que el tiempo pase a toda prisa. Ya desde principios de este año lo deseaba. Ha sido tiempo con grandes parcelas improductivas. Y hoy, en este día que ha comenzado con nubes y claros, para acabar con el cielo ennegrecido, he aprendido una nueva enseñanza que apuntaré en mi bitácora privada, esa que se delinea a lápiz y se guarda en el cajón de la mesita bajo llave: Es necesario que todos busquemos aquello que mientras lo estamos viviendo nos lleve a pensar que ojalá el tiempo se detenga.
¿Habéis visto qué bonita es la complicidad? Os dejo el enlace para que lo comprobéis porque la inserción está desactivada.
Tangerine Dream sonaba de fondo; la música que Dalí escuchaba en ocasiones para acompañar sus orgías oníricas.
-Dibuja lo que sientes-, dijo él, -si es que tu mente racional y empírica te lo permite-. Añadió.
Sólo se me ocurrió trazar esto:
-¿Te gustan mis campanillas?- Preguntó ella.
Pero él se quedó un rato pensativo, buscando en el dibujo una respuesta que parecía no encontrar. -No te han gustado, no las has comprendido-. Replicó la chica al sentir la dilación de las palabras. -Ahora sí, después de oír tu voz-.
Así fluye una conversación de ese tipo de amistad que sólo acepta la apuesta cuando el premio es una tarde junto al mar mirando las estrellas.
Un lavado de cara, un buen baño exfoliante, unas poquitas sales minerales, bolitas perfumadas y ¡voilá¡, aquí estamos de nuevo a petición del público. Nueva plantilla, nuevos colores, nuevas fuentes… Espero que os mole el nuevo look.
Me siento como el músico que termina su concierto después de una larga noche, pero el reclamo del público se evidencia y hace que vuelva al escenario para tocar la última pieza. Cansada, un poco, de los mundos virtuales, y ansiosa por lo palpable y tangible de la vida (y por comérmela a cachitos), aquí estoy de nuevo porque, a pesar de todo, siempre, ¡siempre!, un blog se hace gracias a los lectores. Sois vosotros quienes ponéis la sal en la medida que os place (como debe ser) y lo hacéis posible con vuestras aportaciones. Lo he reflexionado un tiempo, y he llegado a la conclusión de que os lo debo. Perdonadme, pues, la tardanza.
Después de varios mails que reclaman la reapertura de este blog, y sin haber decidido aún cual será la temática (ya sabéis que no me gusta mezclar), “cada loco con su paraguas” estrena temporada. Confieso sin pudor que no me siento demasiado reivindicativa en estos momentos (perdonadme los más guerrerillos), y repito, siento cierto agotamiento porque me apetece más sentarme en una esquinita discreta y observar los agujeros y vacíos del mundo mientras saboreo los últimos melocotones del verano tumbada en la hamaca del jardín…
Sed todos dos veces bienvenidos.
Por cierto, ¿¿¿cuándo narices nos volveremos a querer los humanos???
Tan gentil, tan honesta, en su pasar, es mi dama cuando ella a alguien saluda, que toda lengua tiembla y queda muda y los ojos no la osan contemplar.
Ella se aleja, oyéndose alabar, benignamente de humildad vestida, y parece que sea cosa venida un milagro del cielo acá a mostrar. Muestra un agrado tal a quien la mira que al pecho, por los ojos, da un dulzor que no puede entender quien no lo prueba.
Parece de sus labios que se mueva un espíritu suave, todo amor, que al alma va diciéndole: suspira.
DANTE ALIGHIERI, traducción de Dámaso Alonso y dedicado por Hernán Cuadra Mendoza.
luz
-
Siento que tengo que pedir disculpas, por lo poco generoso que estoy con el
blog: ocupado que se encuentra uno.
Es la luz, sobre todas las demás cosas, la ...
Bar - Reinols
-
Me gustan los bares. Aunque no tanto como un buen estornudo o una mujer
atractiva. Y creo que uno de los motivos es porque allí te puedes permitir
lujos qu...
AVISO A NAVEGANTES CCLXXXV
-
*CCLXXXV.- DE…
“COMO HUMO… COMO AGUA…”
*
*Como humo
suave que difumina el viento
por la sábana azulada
del cuadro etéreo del cielo…
viaja el aroma del a...
LOTERIA......"EL GORDO DE NADAL"
-
Yo jamas juego, pero en Navidad, hago una excepción y pienso en los
reportajes de las gentes descorchando cava ante las cámaras de televisión y
yo mirando...
Ibuk
-
Hace dos días pude ver en el autobús mi primer tipo leyendo un e-book de
esos. Yo iba a dar la clase de escritura creativa de la Universidad Popular. ...
adiós y hola
-
bien, pues ya hemos aterrizado, y nos hemos modernizado, hasta red tenemos (para trabajar, principalmente). Asi que a Alarih en Bolonia, mirando a África
THE IT CROWD
-
La serie transcurre en el alocado departamento de informática de la empresa
londinense Industrias Reynholm, donde trabajan dos prototípicos
informáticos: e...
Misterio y Sopresa
-
Cuando nos recomiendan un libro, el título es lo primero que nos hace una
idea -intuitiva- acerca de su contenido cuando no pueden verse las
ilustraciones ...
Escrito en prosa
-
¿Serás amor, un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse. En el primer encuentro con la luz,
con los labios, el corazón percibe ...